domingo, 3 de octubre de 2010

Autumn leaves



Ha llegado el otoño, hace viento, algo de frío y parece que esta tarde lloverá. La semana pasada dicen que hubo huelga general, lo notamos en que no hubo periódicos y poco más, porque en estos días ver un negocio cerrado es habitual. Los días se acortan, la economía no se recupera, y el trabajo escasean y sin embargo…



Hay muchos motivos para estar contento, cada uno tendrá varios, uno de los míos se acaba de despertar de la siesta así que dejo a Miles Davis para otro rato y este post abierto para quien quiera contribuir a la alegría otoñal.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Phil Kelly



Phil Kelly murió hace tres semanas en el DF, mi hermano me reenvió un breve email de Ruth, la mujer de Phil, tanta tristeza en tan pocas palabras.


Veo los pocos cuadros que pude traerme de un viaje a México en las paredes de esta casa reciente, y la última cartulina que nos regaló a su paso por Madrid hace ¿tres, cuatro años? La colgamos en la habitación de Tristán, conjurando la belleza que deseamos para su vida.


Hará dos meses estuvo en casa un amigo galerista y me preguntó por los cuadros de Phil, tan diferentes de las obras que él expone en su galería. Le conté del primer cuadro que vi en una exquisita tienda de Oaxaca, que resultó ser de unos de los numerosos amigos de Phil y Ruth, que nos animó a llamarlos, la llamada a su casa y la suerte de haberlos visitado en el DF de regreso a Madrid.


Miguel los conoció más tarde, en la torre, un día nos visitaron Ruth, platicadora y cariñosa, Phil con su maletín de cuero salpicado de óleo de mil colores, un botella de vino blanco que tomaba con agua mineral, y las niñas como duendes, flotando entre los colores de su padre y la calidez de su madre.


Hablamos en esa visita de la posibilidad de exponer en Madrid pero la economía y empezaba a tambalearse y era difícil encontrar galerías dispuestas a arriesgar. Pensé que en el próximo viaje al DF iríamos a visitarlos, tan acogedores en la ciudad estresada.


Espero volver a ver a Ruth en el futuro, México siempre será una mezcla de recuerdos de cuando fui allí con diez años y los cuadros de Phil a pesar de su ausencia. El tiempo desdibuja aquellos primeros recuerdos, pero los cuadros seguirán en casa.


Esta mañana Tristán sonreía mirando la catedral de Oaxaca.



Madrid, Septiembre 2010

jueves, 12 de agosto de 2010

No comprendo



He vuelto a ver Rompiendo las Olas, de Lars von Trier. La primera vez que vi esta película, hace ya unos diez años, no estaba en mi mejor momento, confusa en lo profesional y destrozada en lo emocional. Pasé tres días encerrada en mi cuarto piso sin ascensor, la mayor parte de ellos llorando de espaldas a los balcones, comiendo aceitunas, yogures y huevos duros, que es lo que siempre queda en mi nevera. No recuerdo si fue Héctor, Paloma o Jorge quien me sacó de casa, sí que al salir decidí hacer un viaje y a los pocos días compré un billete de avión a Roma, y reservé un coche para ir hasta Sorrento.


El domingo Miguel me propuso volver a ver a peli como las vemos desde que nació T, en trozos y le dije que bueno, que no respondía de mi reacción pero que teniendo en cuenta que ahora si estoy en mi mejor momento y que la veríamos troceada me apuntaba al plan.


Terminamos de verla anoche. Quince horas después, ocho de ellas mezcla de insomnio pesadillas aún no puedo deshacerme del dolor de cabeza que me quedó tras llorar durante los últimos capítulos de la película.


Y esta vez que soy capaz de recordar algo más que el dolor intenso que me produce esta historia, no puedo dejar de preguntarme qué cuenta esta trágica historia, la Fe de Bess? El poder de la Fe de Bess?. La caja del DVD dice que cuenta el poder del amor pero yo no lo creo. Si acaso habla del poder del dolor, y de las formas de afrontarlo: el egoísmo, la generosidad, aquel lo envenena, éste lo sublima. Y sin embargo, no es esa sublimación del sufrimiento lo que predican los terribles hombres de la Iglesia a la que acude Bess, no es eso lo que le promete ese tremendo dios que habla por su boca? No es por tanto lo peor, lo más malvado de esta historia. Pero entonces, cómo es que su sacrificio produce finalmente el milagro, cómo es que Bess muerta hace que suenen campanas en el desierto Mar del Norte, por qué ese tremendo dolor consigue la dicha de los demás?


Me parece una película maravillosa, y sin duda la que más me ha emocionado hasta hoy. La “crucifixión” de Bess es congruente con la historia, pero me gustaría saber si el último capítulo es un homenaje o una burla cruel a su capacidad de creer. Tal vez dentro de unos años pueda verla de nuevo, con menos emoción y más inteligencia.

domingo, 8 de agosto de 2010

sábado, 17 de julio de 2010

El bulto



Paseamos todos los días, por la mañana salimos de casa y caminamos por nuestra acera, de este lado de la calle hay edificios y de los portales sale aire fresco que alivia el calor. Hay bares con terrazas nos paramos unas cuantas veces a saludar a algún vecino del barrio. Se oyen las voces de la gente y los coches que entran o salen de las calles que terminan en el paseo.



A medida que nos alejamos de casa cada vez se oye menos gente y más pájaros, el ruido de los coches se hace más monótono, casi no hay semáforos, y me voy quedando dormido mirando las hojas de los árboles. Llegamos a un último cruce en el que hay que pulsar un botón en un semáforo que está pegado a un árbol, me suelo despertar cuando las ruedas de mi silla tropiezan contra el alcorque.



En el suelo, pegado a la fachada del último edificio de la calle hay un bulto tapado con un plástico, mamá lo mira con algo de aprensión y lástima y enseguida gira mi carrito hacia la calzada de modo que yo quede de espaldas al bulto. Alguna vez tarda más en darse cuenta del bulto y puedo fijarme en él.



Debajo del plástico, que es como que ponen los días de lluvia para cubrir mi silla, hay una manta muy sucia, tiene rayas de colores que apenas se distinguen, puede que fuera azul como las mías pero casi se confunde con la acera, por un extremo asoman dos zapatos rotos. Algunas veces el bulto se rebulle, creo que es una persona, no es tan alto como papá pero es mucho más grande que yo. No sé si es hombre o mujer. Pasan personas a su lado pero nadie lo vé.



Cruzamos la calle ancha, mamá toca un árbol grande que está junto a la entrada del parque y volvemos por la acera que da al parque, bajo la sombra de árboles enormes.



Me vuelvo a adormecer y sueño con el bulto, sueño que es pequeño como yo y le pasean en una sillita. La gente de las terrazas le sonríen, y preguntan a su madre: cómo se llama, qué tiempo tiene, es llorón, come bien? Se interesan por él. Al entrar en el portal me despierto, si supiera hablar preguntaría a mamá por qué al crecer algunas personas desaparecen, por qué la gente deja de verlos. No sé si sabrá responderme, sé que ella ve el bulto todos los días pero no quiere mirarlo.

jueves, 17 de junio de 2010

PHOTOESPAÑA 2010


Una exposición fantástica, si bien es verdad que qué vamos a decir nosotros que por razones varias adoramos al artista.

martes, 18 de mayo de 2010